domingo, 3 de junio de 2012

Lo vivo cambia. Notas sobre “El movimiento libertario en la transición”



x José Luis Carretero Miramar 
El movimiento libertario, en la Transición, fue marginalizado y derrotado, pese a su energía y a sus prometedores inicios.
El último libro de Gonzalo Wilhelmi, “El movimiento libertario en la Transición”, conforma un texto que, aún de una temática que ya se puede considerar como histórica, introduce elementos de rabiosa actualidad en un presente como el nuestro, donde las posibilidades de una lucha social ampliada están en el centro de lo que puede llegar a ser.
Los que no vivimos la Transición hemos recibido, desde los medios de comunicación de masas, una narración contradictoria, santurrona y con un evidente ánimo de doblegar todo asomo de vitalidad popular. Una narrativa que, sin embargo, se compadece mal con la historia explicitada por las gentes de carne y hueso que, ellas sí, arriesgaron sus vidas en esa tesitura decisiva. Unos medraron y narraron, contaron historias infumables de reyes democráticos y socialismos inexistentes. Otros fueron relegados al olvido y al vacío, en evidente concomitancia con todo lo que ha venido sucediendo a las izquierdas transformadoras de las generaciones posteriores.
Gonzalo nos cuenta, sin embargo, la historia escondida bajo la alfombra. Sin embellecimientos inútiles, pero también con toda su policromía. El texto nos propone la necesaria revista de muchos de los nombres de las víctimas de una Transición que, pese a todo lo que se nos ha contado, fue tremendamente violenta. Nos propone también una historia de las fuerzas derrotadas, de las energías populares dilapidadas, quizás, pero que conformaron el fermento necesario de un cambio de escenario imprescindible. Nos narra, pues, una historia que no es la tópica y que no se queda en los oropeles discutibles de la “movida” y en las supuestas heroicidades de un monarca coronado por el propio dictador.
La narración de Gonzalo Wilhelmi es audaz y no deja nada en el tintero: la trayectoria del movimiento libertario madrileño en esos convulsos años dio para mucho. Constituyó una febril descarga de energía e ilusiones con un final caótico y decepcionante.
Y aquí es donde entramos en lo realmente interesante del libro. Se podrá estar o no de acuerdo en la revista de los hechos presentados. Sólo sus auténticos protagonistas (y es posible que ni siquiera ellos mismos) saben cómo ocurrieron realmente las cosas. Pero lo que ha de quedar meridianamente claro es la enseñanza de lo sucedido para los también convulsos tiempos del presente.
El movimiento libertario madrileño no supo adaptarse, en los años setenta, a las transformaciones sufridas, desde la Guerra Civil, por la arquitectura del mundo del trabajo y el aparato estatal al que pretendía oponerse. Y una de sus mayores fallas fue, según se indica en el texto, no aplicar el suficiente esfuerzo analítico a dichos asuntos.
El mundo del trabajo ya no se conformaba de la misma manera que en los tiempos del cenetismo clásico, y la reacción de los confederales fue tardía y contradictoria, cuando la hubo. Se intentó reconstruir una organización en una imitación dogmática y literal del pasado, lo que empujó al abandono del espíritu real de la experiencia. El anarcosindicalismo se autoexcluyó del mundo del trabajo, y se enzarzó en décadas de disensiones internas y luchas intestinas que no tenían otro objeto que el reparto de cuotas de poder vacías de contenido.
Y lo mismo sucedió respecto al otro gran tema en cuestión: la estructura y finalidades del aparato estatal había mutado de 1939 a 1979. El llamado “Estado del Bienestar”, fundamentado en las doctrinas keynesianas, compaginado con las crecientes manifestaciones de lo que ha venido conociéndose como “biopolítica”, empezaba a dar sus primeros pasos en el marco de la Península Ibérica de los setenta. Los libertarios no supieron, o no quisieron, hilar un discurso y una práctica a la altura de las circunstancias. La leyenda del rechazo frontal a toda manifestación estatal (una historia áurea que, en todo caso, no era del todo cierta) impidió la presencia libertaria en muchas luchas efectivas de una población que reclamaba servicios públicos crecientes y una forma de vida digna.
Las tesis maximalistas del final de la Guerra, cuando era el momento del “todo o nada” (pero que muchos de sus autores no habían cumplimentado en ese preciso instante) oscurecieron una tradición que, realmente, iba mucho más allá: la de una CNT histórica plural, rica y enormemente compleja, en la que convivían múltiples sensibilidades.
Lo cierto es que hoy día el movimiento libertario encara amenazas similares: una lectura literal y acrítica de ciertos lugares comunes de la “leyenda áurea” ya indicada, podría impedir las posibilidades de evaluar con solvencia las exigencias de un presente marcado por el despojo de los bienes públicos y los ajustes, y por la profundización de un marco laboral que procura arrasar todas las conquistas de los últimos siglos de lucha proletaria.
El movimiento libertario, en la Transición, fue marginalizado y derrotado, pese a su energía y a sus prometedores inicios. En este preciso momento de crisis y senilidad del capitalismo que atravesamos, quienes más o menos nos sentimos vivificados por dicha tradición de lucha, debemos estar atentos para ser capaces de insuflarle nueva vida. Y todo lo vivo cambia por el camino.
El libro de Gonzalo Wilhelmi abre el camino a una exploración histórica con evidente pertinencia para construir un presente que sepa huir de las trampas que la realidad tiende a quienes quieren transformar el mundo.
Instruirse y aprender nunca ha sido tan necesario

LA JORNADA DE LUCHA 29 DE MAYO


Durante toda la jornada secundamos una Huelga de Consumo, no adquiriendo absolutamente nada a lo largo del día y utilizando para los desplazamientos el traslado a pie o el transporte público.

Empezamos con una cacerolada muy sonora ante el Ministerio de Sanidad en el Paseo del Prado a mediodía. Protestamos contra la privatización de la sanidad, contra el copago farmacéutico, contra la ley 15/97 que es la que permite que la privatización (las empresas “amigas” con ánimo de lucro) entre en la sanidad pública, contra los cierres de ambulatorios, contra la masificación, contra los recortes y sobre recortes, etc. Defendemos la sanidad pública y universal, que es de todos los trabajadores y trabajadoras; por ello anunciamos que seguiremos movilizándonos permanentemente en su defensa.


A las dos de la tarde la Concentración fue ante el Ministerio de Educación en la calle Alcalá. La protesta sonora mostró el rechazo a la subida de tasas, los despidos de miles de profesores interinos, la masificación de las aulas, la permanencia de la Iglesia en la educación (la concertada), a los recortes y sobre-recortes, etc. Se defendió la educación pública, de tod@s y para tod@s, anunciando así mismo la continuidad de la lucha en su defensa.

Tras una comida solidaria en el parque de El Retiro, a las cinco de la tarde volvimos a la lucha, esta vez concentrándonos ante la sede de Metro, en Cavanilles, en protesta por los despidos en la Limpieza de Metro. Señalamos la culpabilidad de los mismos en la Presidenta de la Comunidad de Madrid y la responsabilidad de la dirección de Metro, exigiendo la readmisión de las compañeras y compañeros despedidos y el fin de esta violencia.
Finalmente a las 19.30h partió desde Atocha por el Paseo del Prado, La Cibeles y la calle Alcalá hasta la Puerta del Sol la MANIFESTACIÓN contra la Reforma Laboral, contra el capitalismo y su represión hacia OTRA huelga general. La manifestación fue muy combativa de principio a fin, si bien la asistencia fue menor de lo requerido. Quizá las reiteradas movilizaciones han sido la causa de este reflujo en la asistencia masiva de trabajadoras y trabajadores a la manifestación. Pero las agresiones continúan, día tras día y sin descanso. Por ello no podemos permanecer pasivos ante el saqueo de nuestros servicios públicos, empleos y condiciones de trabajo.










Estas protestas no han sido comentadas en los medios de des-información, medios que sí han vuelto a cacarear unánimemente la nueva acción de protesta pacífica contra la subida de tarifas en el transporte público. Protesta llevada a cabo por el autodenominado STOP al Tarifazo consistente en tirar del timbre de alarma, a la misma hora, de varios trenes estacionados de diferentes líneas. En esta ocasión también salió a la palestra Izquierda Undida tildando de “delincuencia social” esta protesta, sumándose así a la criminalización emprendida por la derecha más rancia y reaccionaria, cuando todos sabemos que esos parones no generan ningún tipo de riesgo a los viajeros, que soportan habitualmente estos retrasos por otras causas.

Desde Solidaridad Obrera vamos a continuar trabajando en la defensa de los empleos, de las condiciones laborales y de los servicios públicos, luchando contra la Reforma Laboral que cada vez es más agresiva, contra las privatizaciones, la carestía de la vida, los despidos y la criminalización de la lucha.

Madrid, 31 de mayo de 2012
Por Solidaridad Obrera
LA JUNTA SINDICAL

sábado, 2 de junio de 2012

ARANJUEZ:JORNADAS SOBRE ECONOMIA ORGANIZADAS POR CNT


29 DE MAYO JORNADA DE LUCHA


MADRID 12 de MAYO BLOQUE UNITARIO













12M 15M DEL MAYO GLOBAL - HAY QUE SEGUIR EN LAS CALLES


12M 15M DEL MAYO GLOBAL - HAY QUE SEGUIR EN LAS CALLES
Este mes de mayo se cumple un año de un movimiento popular que consiguió sacar a las calles la indignación de todas y todos en múltiples lugares del planeta, desde “La primavera árabe” pasando por la puerta del Sol y llegando hasta el Occupy Wall Street.
La explosión popular de indignación del 15 de Mayo de 2011 se ha ido concretando en diferentes Asambleas de Pueblos y Barrios, Grupos de Trabajo y una extensa red de comunicación, movilización y acción, que une todas las luchas comunes que nos afectan al conjunto de la población y que a través de esta red orgánica se enfrenta de manera colectiva. Esto nos hace conscientes de que no estamos solos y que unidos en la acción podemos cambiar las cosas.
Desde CGT, CNT Y Solidaridad Obrera, apoyamos con todos nuestros medios las movilizaciones que se convocan en el 12M 15M Global, haciendo un llamamiento a toda la clase trabajadora a salir a las calles, a las plazas y a participar activamente en todas las acciones organizadas para estos días. Como organizaciones sindicales nos identificamos con las consignas que este movimiento lanza a la calle:
“NI UN EURO MÁS PARA RESCATAR A LOS BANCOS;
EDUCACIÓN Y SANIDAD PÚBLICAS Y DE CALIDAD;
NO A LA PRECARIEDAD NI A LA REFORMA LABORAL;
POR UNA VIVIENDA DIGNA”



Para continuar luchando por nuestros derechos, convocamos diferentes jornadas de movilizaciones, que dando comienzo el 29 de Mayo, se extienden hasta el 15 de Junio.
DEL 29 DE MAYO AL 15 DE JUNIO
“CONTRA LA REFORMA LABORAL, LOS RECORTES Y EL PACTO SOCIAL”
Las organizaciones sindicales CGT, CNT y SO, tras el éxito de la Huelga General del pasado día 29 de marzo y comprobando que la actitud de los gobiernos estatales y autonómicos no ha cambiado respecto a la Reforma Laboral, los Recortes y el Pacto Social, consideramos absolutamente necesario para la clase trabajadora, y especialmente para las y los más desfavorecidos, continuar de manera inmediata con las movilizaciones que sean necesarias para acabar con la sangría de derechos a la que estamos siendo sometida el conjunto de la ciudadanía.
Durante estos días del 29M al 15J realizaremos concentraciones, manifestaciones, talleres, huelgas de consumo, jornadas de lucha y todas aquellas acciones que nos lleven a denunciar el atropello al que nos someten, encaminándonos hacia otra Huelga General que consiga acabar con los brutales recortes, la derogación de la Reforma Laboral y la restitución de todos nuestros derechos.
Sabemos que para ello, tenemos que confluir y trabajar con aquellas organizaciones sindicales, sociales, etc. que están padeciendo esta situación injusta, y que están contra el Pacto Social y por la movilización. Desde aquí les invitamos a participar de las mismas desde sus organizaciones.
CGT – CONFEDERACIÓN GENERAL DEL TRABAJO
CNT – CONFEDERACIÓN GENERAL DEL TRABAJO
SO – SOLIDARIDAD OBRERA

EL ANARQUISMO Y YO.


Últimamente se alzan voces que reclaman “pasar cuentas” a quienes se denomina “anarquistas de Estado”. Gentes malévolas, estos “anarquistas pro-Estado”, que defienden algo tan contradictorio para el movimiento libertario como los servicios sociales públicos. Traidores de una clase especial, que quieren hacer algo tan “antianarquista”como proteger los intereses inmediatos de la clase trabajadora en el momento de la historia reciente en que son más duramente atacados.
¿Por qué defender los servicios sociales si podemos hacer feroces proclamas, perfectamente intrascendentes, sobre una Revolución siempre futura y absolutamente perfecta que, sin embargo, nunca preparamos?
¿Por qué insertarnos en las luchas de masas de la clase trabajadora si podemos (debemos, éticamente, según parece) ser perfectamente irrelevantes, una vez más?
Por supuesto, lo que late detrás de esta discusión es una clara diferencia a la hora de interpretar lo que es el anarquismo. Un desencuentro esencial y de raíz, en el que uno de los lados, o quizás los dos, pueden estar equivocados.
Sabiendo que la razón es esquiva y que lo que uno ha leído ha visto en su trayectoria vital puede ser una ilusión o una mentira. Sabiendo que, al fin y al cabo, el error es tremendamente humano, y que sólo un debate honesto y sincero puede, a lo mejor, aclarar un poco las cosas, intentaré (yo, que según parece, soy uno de esos malévolos “anarquistas de Estado” que tanto mal quieren hacer) explicar un poco mi relación con eso que llaman “anarquismo”.
En primer lugar debo aclarar que, probablemente, yo no soy anarquista. No lo soy, desde luego, en el sentido que muchos dan a ese término. Sólo me he sentido identificado con él, en algunas ocasiones, por razones muy concretas. Y esas razones son, precisamente, las que voy a explicar ahora.
Llamado, por mis lecturas adolescentes y por el contacto con las gentes que, a mi alrededor, habían tenido algo que ver con el movimiento libertario, yo entendí, desde mi juventud y con mi limitada capacidad intelectual, que el anarquismo tenía una serie de características que, entre otras no menos importantes, podían ser las siguientes:
-En primer lugar, el anarquismo era una ideología que defendía los intereses de la clase obrera. La relación del movimiento libertario con la clase trabajadora no era episódica ni circunstancial. El anarquismo nació, en las montañas suizas, de la confluencia entre un revolucionario ruso y los obreros de la Federación del Jura. Desde el primer momento estuvo íntimamente relacionado con la Internacional. Era una de las ramas principales del movimiento socialista, con todas las implicaciones que ello comporta.
¿Implicaciones? La CNT era un sindicato. De hecho era, como me dijo Alfonso Alvarez hace poco que decían los ancianos de su pueblo, “El Sindicato”. El anarquismo era un movimiento de clase. Incluso, cuando se decía que el anarquismo trascendía los intereses proletarios, para atraer a otros sectores, no por ello se insinuaba siquiera que se debía de abandonar la organización de la clase trabajadora.
Además, los intereses a defender eran tanto los “finales” como los “inmediatos”. Y este, precisamente, era uno de los elementos definitorios del movimiento libertario: esa flexibilidad entre reivindicaciones salariales e intentonas revolucionarias. Defender a la clase era defender sus reivindicaciones: de salario, ahora; de servicios sociales (salario indirecto), también ahora; de control obrero de la producción y los servicios colectivos, a la mayor brevedad; de otro tipo de sociedad, en cuanto se pudiese.
El anarquismo organizaba a la clase trabajadora para defenderse, en el seno de la sociedad de clases existente, de la explotación y la opresión. Tanto a nivel inmediato (sindicalismo) como a largo plazo. El anarquismo no esperaba al Juicio Final Revolucionario para actuar. Defendía a las gentes de carne y hueso en sus necesidades vitales inmediatas, y acumulaba fuerzas para hacer la Revolución en cuanto hubiera la ocasión. Así de sencillo.
-Además, el anarquismo defendía la cultura. También, así de sencillo. Defendía el conocimiento, la ciencia, el pensamiento libre y fundamentado. Trataba de extender todo lo posible la educación entre la clase trabajadora. Los libros, el debate, la relación con los artistas e intelectuales comprometidos, eran cosas importantes. Había que leer mucho para ser un anarquista “de pro”. La formación era inexcusable. Había quien llevaba los folletos para leerlos en su descanso del andamio, quienes se iban a las bibliotecas y ateneos después de jornadas de más de diez horas de trabajo.
-Por otra parte, el anarquismo era, al fin y al cabo, el elemento más acabado de la evolución del libre pensamiento europeo. Era la conclusión lógica de la línea humanista recuperada en el Renacimiento. La crítica de la religión y el ateísmo tenían algo que ver con todo esto. Algo que no era, precisamente, circunstancial ni esporádico. El anarquismo derivaba del pensamiento de Spinoza o D´Holbach, en el sentido de que incorporaba una cosmovisión profundamente materialista y antiteológica del mundo. Estaba lejos, por tanto, de la ascética cristiana y de la apología del sufrimiento de quienes creen que existe otra vida perfecta en algún otro lugar no material.
-Por último, y entre otras cosas (estoy sacando sólo los temas que me parecen más relevantes para la discusión que encaramos), el anarquismo pretendía hacer una Revolución, transformar el mundo (aunque no se lo crean, esto también derivaba del ateísmo). No tenía, por tanto, el menor interés en ser irrelevante, en no existir, en ser marginal y vegetar apartado. Sus gentes intentaban despuntar en la lucha diaria de la clase trabajadora, y en la poesía, la música, la biología, la geografía…En todo lo que pudieran, Sus organizaciones intentaban crecer, operar en el centro de las luchas de las masas, acompañar en sus victorias y derrotas a las multitudes proletarias. El anarquismo no era una teodicea laica que permitiera esconderse en un rincón para ser ferozmente puros, mientras el mundo y la vida se desplegaban al margen intocados. El anarquismo quería intervenir.
Por supuesto, puede que esté equivocado, que mis análisis fueran totalmente erróneos, que el anarquismo nunca fuera eso. Es más, un parte del movimiento libertario actual podría decir (y dice) sobre estos temas cosas como las siguientes:
-La clase obrera no existe. Es inútil, brutal, garbancera, traidora. Son una panda de fachas, y además se dejan explotar porque quieren. No tenemos nada que ver con ellos. Sus reivindicaciones inmediatas nos generan repulsión, su “Revolución del trabajo”no es otra cosa que otro tipo de cadenas.
-La cultura es tortura. No hay que saber demasiadas cosas. Todo lo que se ha escrito, lo han escrito los burgueses. Todo lo que se escribe ahora, lo escriben profesores-funcionarios-mercenarios (curiosamente menos lo que nos da la razón, que ya da igual quien lo escriba). Mejor leer sólo lo nuestro. Lo que no genera dudas. Una cultura amplia es una demostración de pertenencia al enemigo. Para ser anarquista no hace falta leer. La ciencia no vale: la espiritualidad sí.
-El materialismo es insano, putrefacto. El libre pensamiento es burgués y liberal. Los santos y los intérpretes nos enseñan el camino. La imagen de la sociedad futura es un convento o un ashram ¿Dios y fueros viejos?
-Esperad, buscad la verdad. Ya haremos algo cuando hayamos sido iluminados. Lo importante es separarse, diferenciarse de la masa. Ser distintos a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros compañeros de trabajo. Estar separados y juzgarles. No son dignos de nosotros. Nosotros tampoco somos dignos de nuestro alto ideal. No es importante estar en el centro de la acción, porque allí todo es impuro. Separarse y buscar la verdad, y ser espirituales y limpios. Nada que ver con la chusma.
Por supuestos, en mis paseos y recorridos por el mundillo anarquista también he encontrado obreros honestos, sindicalistas luchadores, mujeres que buscaban ser personas, fueran madres o no, gentes de amplia y extensa cultura.
Pero ya les digo, igual estoy equivocado y nunca he sabido que es el anarquismo. Igual no soy anarquista, aunque esto último la verdad es que me da igual.
Yo tengo claro lo que defiendo.
Un abrazo.
José Luis Carretero.